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La Frase de mí Tío

"La precisión...no es casualidad"
Enríque García

martes, 29 de noviembre de 2016

La clase magistral del colector

“Toda problema, tiene solución y toda enfermedad tiene curación”. Mmm no. Las cosas no son así. Si las cosas fuesen así, tal vez el mundo fuese distinto.  Debido a esto, decidí estudiar una de las profesiones más bonitas, nobles, honestas, humanas, reconfortantes, esperanzadoras y caritativas del mundo…la de colector de autobús.

Me puse a hacer una investigación exhaustiva y busqué, averigüé, pregunté, indagué, analicé, consideré, ¡en fin! Pregunté bastante y encontré que para semejante oficio…no se estudia. Cuando le pregunté a un colector, que me vio sonreír y asombrarme, ante la noticia de que no amerita estudio ni pruebas, me dijo:
-¡Aaahhhh güeno menor. Tienes madera pa’ colector!- a lo que mi pensamiento mediocre le alegró, esperanzado. Ahí mismo, él retomó la palabra…
-Eso sí, chamo. Tienes que cumplir ciertos requisitos pa’ trabaja’ aquí.
- ¡Ah vaina! ¿Y no me acabas de decir, que no se necesita prueba ni nada pa’ ser como tú?
- ¿Yo dije eso? ¡Mielde! Bueno, pero en fin, lo cortés no quita lo valiente.    
- A ver, ilumíname, cabeza ‘e mordisco ‘e rata.
-Eso. Así se comienza, insultando. Pero respeta, que hoy yo soy tu profesol. Vacílate el beta. Lo primero, es saber que el cliente no tiene la razón. La tienes tú. Segundo, estudiante no es gente. Nada de carnet ni ticket, que eso “no ’tá en gaceta’”. ¡Y bórralo! Telcero, nada de telcera edad. Pasaje completo y mande botín.
-¿Mande botín?
- Mande botín. Bueno, que te dé los reales, pa’ coroná’ ese billete, relaja’o.  ¿Y si no? Bota’o en la parada pa’ que sean serio y rescaten, bórralo.
- ¿Pa’ que rescaten?
- Bueno, nada. Pa’ que obtengan lo que merecen, por brujas. Pa’ que agarren ahí ¿tú me entiende’?
-¡Aaahhhh! Sí, claro. Entiendo.
-¿De bien?
- De bien, ‘mano.
-Listo. Lo próximo en el beta o lo siguiente; lo “next” ¿tú me entiende’? es la música, menor. Salsa baúl, tranca’o[1]. Salsa romántica, tranca’o. Salsa cabilla, tranca’o. Salsa erótica, tranca’o. Salsa brava, tranca’o. 
[1]  O sea, mucho. Es como decir “burrea’o” o “parejo”. Entiéndase: demasiado.  

Reggaetón, de las viejitas de antes, tranca’o. Vallenato, convive, en todas sus formas y manifestaciones, tranca’o. ¡Ah! Y el loco de Aventura, que sabe su vaina. De bien. Cualquier cosa, cuádrate un MP3 y mezcla toda esa shit.
- ¿Shit?
- ¡Yes! Estoy haciendo un cursito de inglés, on-line. Y no puedes colocar groserías aquí Reinaldo, rescata.  
- ¡Ah dale. Sí va, ‘mano!
-Eso. Ten en cuenta que siempre hay que tené’ sencillo en el bolsillo. Que si pa’l agua, que si pa’l café que si pa’ los caramelos de jengibre. ¡Aaaahhhh güeno, rescata! Eso sí. Al lado del chofer, eso es sagrado. Centro de operaciones. Ca-ca. Eso no se toca.
- Me estás hablando del radio ¿no?
-¡Qué radio nada, vale! El mueble. El aposento. Pa’ que se sienten las princesas. Las reinas. Las fresas. Tú sabe’. Mami que se monte, mami que va pa’l mueble. Y si es feita, pasillo y bórralo.  
- ¿Y mande botín?
- ¡Aaaaahhh güeno! Ya estás agarrando el Ilan Chester, menol. Vacila el beta. Hay un librito sagrado que es nuestro, que trata sobre física cuántica. Eso no lo sabe nadie. Eso es lo que leemos los colectores, Cayetano. Bien callaíto, pa’ entender como acomodar a la gente. ¿’Tamos claro? Tienes que ‘tá claro que la gente es burda de obtusa. Por eso toca aplicarles el reforzamiento de Ivan Pavlov.

-¿Ese fue el que peleó con Rocky?

-¡Concéntrate, vale! Aquí es donde le pones apodos a la gente, pa’ que se acomoden en el pasillo. “Epa, mi doña”, “hermanito” “Mami” “Papi”, “’mano”, “princesa” “patrón” , “reina” o cualquier otra cosa, con el respectivo “tenemos espacio ahí”. Es como jugar tetris con la gente. Y bueno, nada. “Por favor” pa’ to’ el mundo. Mantén claro que todo gira, en torno al centro del pasillo.  Si están por atrás, mándalos pa’l centro. Si están por adelante, mándalos pa’l centro. Bórralo.

- La cosa no es tan mantequilla. ¡Qué beta! ¿Y hay que tener un pañito, supongo? ¿Pa’ la calor?

-Ah no, claro. ¿Y cómo es, pues? ¿Tú crees que es una jugadera to’ el día en la calle o qué? Y eso que no te he hablado de sacar cuentas, mientras vas manda’o por la autopista. Tanto que odié la matemática hasta el tercer grado, que dejé los estudios, pa veni’ a usa’la to’ los días. Pero háblame, entonces. ¿Cuándo comienzas?

- Nada, vale. Era pa ve’ qué lo qué. Pa ve’ cómo funciona el sistema que tal, ya que en una semana me gradúo de la universidad. Gracias por la clase magistral. Rescata.


martes, 22 de noviembre de 2016

Una mendigada internacional

Cuando son exactamente las seis y nueve minutos de la mañana, disponiéndome a viajar a la población de Maracay, por la autopista, me doy demasiado de cuenta de que tengo hambre. No es algo que importe, ya que tengo como seis meses sin desayunar, ni almorzar ni cenar. Supongo que realmente uno es estudiante universitario venezolano del siglo equis equis palito.

Ahora bien, luego de esta escritura de paja, reconozco que la palabra merengada suena casi como la palabra mendigada. Toca preguntarse: ¿qué es un mendigo? ¿Qué es una merengada? ¿Por qué me ven extraño las personas que van de a pie, en el autobús, mientras escribo? ¿Tendré cara de mendigo? No sé, digo yo. No sé, mendigo yo.

Debido a que estoy molesto con la descomposición socio- político –La Vinotinto- estructural de mi país (quizás porque tengo tiempo sin tomarme una merengada), necesito echarle la culpa a algo. Hoy le echo la culpa a la generación que se ve conmigo en el espejo. ¡Sí! Mi generación de los años 90’. ¿Qué? ¿Qué por qué? -Elemental, querido Watson-. Bueno, ante el descalabro social y el malandreo por doquier, quizás deba escribir: -Elemental, querido Jackson-. Prosigo. Mendigo.

Me atrevo a acusarnos de culpables, ya que, si durante la época del liceo no hubiésemos hecho recolectas de dinero al momento de graduarnos, o los “¿No tienes cien bolo’ que me regales?”[1], probablemente no estuviésemos pagando los platos rotos,  viviendo esta realidad "pediderística" en autobuses, rutas, terminales, calles, autopistas y avenidas de Venezuela.  Como esa generación se acostumbró a pedir real, hoy vemos con naturalidad que pedir real es normal.  ¡Ojo! Eso es mendigar, digo yo.  Eso es mendigar, mendigo yo.
[1]  Cuando aún usábamos moneditas de un valor medio módico. 

Así como yo, mucha gente odia esa actitud merenguer… ¡Digo! Merengad… ¡Digooo! ¡Mendiguera! Gente físicamente apta, con un léxico decente, con rostros de esperanza, pidiendo real. ¿No te digo yo? ¿No mendigo yo?

Como nosotros somos los culpables (y no hay excusas) de que nuestra razón de pedir moneditas en el liceo, defecó todo esto, me atrevo a ofrecer una solución. Ya que vivimos en la tierra de lo inversamente proporcio-normal, a todos esos conocidos, amigos, hermanos, compatriotas, pitiyanquis, camaradas, escuálidos, enchufados, desenchufados, pranes, protones, fanáticos del salsa casino, fanáticos de la Vinotinto, fanáticos del Yerbalife ¡en fin! a la gente que conozco y que hoy no está en Venezuela… ¿Me pueden regalar un dólar? Uno solo ¿por fa’? Ya que, si por estar pidiendo bolívares se defecó  esta tierra, me imagino que merengueand… [Marejada, marejada…fue tu amor sobre mi almohada; marejada, marejada/ Noches de fantasííííía, las que vivííííí con ella; en busca de una estrellaaaa…] ¡Digo! Mendigando internacionalmente,  pueda pseudo invertir en un pasaje aéreo, o en la reconstrucción de mi país, comprando diccionarios, tablets o video-beams. Incluso medicamentos, para aquellos mendigos que otrora…no lo éramos.

P.S: a todos los que se ven en el espejo, de la generación de los años 90’…espero estén bien.

¿Tienes un dólar que me regales?